Los vulgares

6 Bandas de Indie Alternativo Sonorense que ya no existen y deberías escuchar

6.- Ballesta (Indie instrumental)

Esta banda fue de esos rayos de luz de un día, creo que ni ellos se tuvieron paciencia, banda formada por Armando Lagarda (Batería) / Jorge Andrade (Baterista segunda etapa), Iván Gallardo (Bajo), Rolando Gutiérrez (Guitarra Eléctrica) y Daniel Teran (Guitarra Electro Acústica), tienen este demo en youtube, que parecía mas un esqueleto de ideas que canciones terminadas del todo, su visión me parece deliciosa y muy agradable, tengo la intuición que si saldrían en este momento, tuvieran mucho mas oportunidades que en el pasado, todo se debe a que conjugan todo lo melódico de aquel indie ochentoso, en el rock sonorense hay varios intentos de agregar guitarras acústicas no como una armonía casual o un sentimiento de un track, sino como ya parte de la idea completa de la banda, creo que lo hacían muy bien,en este caso, es una pena que no se dieron mas tiempo para poder madurar, ojala que regresen y con el buen trabajo de la batería, una mayor diversidad de melodías y por favor un par de solos o shoegaze, serian en este momento algo bastante fresco en una escena con hambre de este genero ya casi desaparecido.

5.- Cuervo (Indie Latino Alternativo)

Es otra banda poca o casi desconocida, es la clásica que sigue el librito, remates dobles de tarola. Melodías lineales, vocales limitadas con poco color y deficiencias de testuras, aun así, sus mezclas con algunos riffs tipo metal, ayudan a darle potencia al grupo, ademas con muy buenas letras, como se escucha en su canción ESPIRAL, lamentablemente, como llegaron se fueron, quizás, la falta de publico que ya no va a las tocadas pero, que en los 90’s hubiera rogado que tocara una banda así, en esos recitales de rancios de ampos prestados, como le cuento, hoy positivamente tenemos un registro de la banda, producido por Demosteria Records, esta tiene un track que es sin duda su mejor canción NUNCA PENSÉ, lamentablemente su abrupto final por el sensible fallecimiento de un miembro, nos privo de verlos mas, un final que trunco a una de esas bandas de chavo rucos por excelencia.

4.- Sol Naranja (Indie Alternativo Clásico)

De esa camada que devoro a tragos la escuela de Babasonicos, clásicas melodías ultra pegajosas, choques constantes de ritmo entre todos los instrumentos, como se puede notar en su canción EN DELIRIO de su álbum Deidad amado por sus grupo de fans, una banda que no solo ejecutaba bien en vivo, sino que su estética visual cabía tan fácilmente en los jóvenes clase medieros de antros de aquellos ayeres, como se puede escuchar en su poderosa canción y máximo éxito TAL VEZ MAÑANA, con un entendimiento maravilloso del ritmo y prosa en la composición de la letra, con un estribillo que permitía poder gritarlo fácilmente, es una pena que desaparecieran, pero, hay que reconocer que así como la música evoluciona y las personas también, ya que formaron otra banda, ojala, que algún día podamos ver sonar con furia canciones VERANO O ELLA de aquella buena banda de los fresones SUNNY DE LIGTH.

3.- La Social (Indie Alternativo Pop)

Banda que pareciese de aquella época buena del mundo alternativo del “Sonido de Monterrey” cuando este gobernaba todo, es fácil identificarlo con solo escuchar su canción SUPERNOVA de su ya mítico álbum Galaxia Radicalizada, aunque la grabación ocupa una remasterización, no nos niega poder escuchar ese sonido que los caracterizaba, lleno de esa química exacta, como se demostró en su canción mas exitosa COMO ESTAS HOY? esa que me diría su propio vocalista “esa pinche canción” que le abrió muchas puertas que se les habían negado en el posicionamiento entre el publico sonorense, esta banda que armo una excelente base melódica y esa característico efecto de guitarra que usan en la actualidad bandas como Austin tv, que funciono con la característica y carismática voz, como se noto en la canción SIEMPRE SERÉ, quizás no dieron el gran salto como siempre se esperaba de ellos y digo quizás, una de las razones fue por la similitud de todas sus canciones, su base y arteria principal su melodía, es muy parecida a varias de sus composiciones, como en su mejor canción INSOMNIO FUGAZ, ojala que regresen pronto, mientras tanto yo me iré Y SEGUIRÉ escuchando sus canciones.

2.- Verdez Paranoya (Punk Indie Melódico)

Bueno, creo que es la única banda alejado de todo esto, pero, me era imposible, no colocarlos, ya que muchas bandas de sonora utilizaron este genero, para darle mas potencia a sus canciones que podrían convertirse en canciones mas pops si no utilizaban esta formula, creo que gracias a ello pueden ser fácilmente identificados un poco como indies, esta idea clara de melodías con semi idea punk, se puede entender en su canción LOS DOMINGOS, este juego de intro y ritmo estilo Hombres G con Green Day, dicho sea de paso muy bien grabado, que pareciese que fue hecho este mismo año y no hace mas de 15, logro hacer que a la gran mayoría le gustara sus creaciones, fue una banda que supo manejar correctamente lo comercial, con letras muy fácil de entender, para poder cantarlas, como en su canción TAL VEZ de su segundo álbum así no mas, era una banda que sabia ganarse de manera muy fácil al publico, no hacían nada que sorprendieran, sino lo que la formula dictaba, los ritmos eran muy consecuentes con la tarola, como se aprecia en su canción TODO POR QUE AYER, no esperes mucha complejidad, es ese tipo de bandas que hablan mucho de la banalidad y el amor urbano, tu dale play a todos su clásico álbum verde y pon a todo volumen, empieza a ponerte emo y escucha la canción ANA LLORA y vas a ser muy feliz.

1.- Los Vulgares (Indie Experimental)

Una vez me preguntaron, cual fue la mas gran perdida del rock and roll local no metalero que tu conozcas, bueno esa fue fácil, es esta banda, en mi opinión al momento de sacar aquel álbum mítico Visiones, apoyado por la casa de cultura cuando hacia mejor su trabajo dicho sea de paso, tomaron por sorpresa la escena de bandas alternativas que se parecían entre si, este álbum fue un golpe directo a mi cabeza, jamas en mi vida había escuchado una sola banda de alternativo, con ese nivel de ejecución o complejidad técnica en Sonora, con solo sentir su canción PRENDE LA RADIO de su álbum Los Vulgares, es una joya de entendimiento total, sus armonías y detalles son espectaculares, simplemente estamos ante un sonido muy creativo, que nos regala la boda hermosa que realizaron su genial y hombre de culto el baterista Chanan y su guitarrista, la capacidad que lograron de amalgamar su idea, que cabrían fácil en un post rock o shoegaze en estos tiempos, provocaron que su sonido sea inigualable, como se distribuye perfectamente en su canción SOL DE DÍA, sus buenas letras, sus característica voz de su vocalista, hacen que sea imposible no apreciar su calidad, tenían ese poder de deambular en un rock pop, hacia un rock un poco happy depresivo en un chasquido de guitarra, esto me hacen valorarlos mas, su calidad como banda de culto en el genero, se ven mostradas en su canción MUNDO DE CRISTAL, magistralmente cantada, con arreglos de guitarra belicismos, una batería simplemente de grandes ligas, que entiende que hacer en cada capa de la canción y una letra que corona a una preciosa composición, me rindo ante la vulgaridad, de quien pienso, es la mejor banda de música alternativa de la historia de este estado.

RECUERDA ESTA ES SOLO UNA OPINIÓN PERSONAL, AL FINAL TU DECIDES
NOTA: obvio, hay mucho mas bandas lamentablemente no hay material Online para recomendarles, por eso se descartaron.

Nostalgia por el infierno: las Tocadas en Hermosillo

A pesar que en Hermosillo hay, o había, más festivales de rock con bandas importantes; todavía son muy pocos los eventos masivos de este tipo. No habitamos una ciudad como Monterrey, Guadalajara o Ciudad de México que ofrecen, mes con mes, o por lo menos lo hacían antes de la pandemia, opciones de conciertos para todos los gustos.

Para los que vivimos en estados fronterizos nos queda más cerca ir a festivales y conciertos a Estados Unidos. Siempre y cuando, claro, cuentes con recursos económicos y visa. La perrada, desde siempre, hemos tenido, o por lo menos la teníamos antes del Covid, la opción local: las tocadas. Casi todas las semanas se hacen tocadas en bares y cantinas en Hermosillo. En la Bohemia, El Seven, La Verbena, El Pluma, El Campo, El Foro B, entre otros. Pero las chilas, las que se han hecho legendarias en el tiempo y en el imaginario de sus asistentes, están en peligro de extinción debido al acoso, cada vez más marcado, de las fuerzas públicas. Me refiero a las tocadas que sucedían en casas particulares, patios, talleres y almacenes. Estas tenían una mística distinta. Uno se sentía libre en ellas. Llevabas tus propias bebidas y el asunto con las bandas era hacer ruido, compartir un acto creativo sónico, no generar negocio. Hacer ruido y comunidad en torno al rock. No es que tenga algo en contra de hacer dinero con venta de bebidas o boletaje, es justo y necesario, pero las tocadas caseras eran la onda porque se sentía que ocurrían a la intemperie de cualquier tipo de represión.

Después de todo, el verdadero espíritu de las tocadas en Hermosillo, aunque fueran gratuitas, siempre se experimentó por fuera de donde ocurrían los eventos. Muy pocos, incluyendo los músicos y sus amigos más allegados, ingresaban a los lugares y después de tocar o ver a la banda que les interesaba, se salían a pistear afuera. Tendría 15 o 16 años cuando fui a mi primera tocada. Digo fui por no decir que estuve por afuera del Music House entre mocosos enfundados con camisetas metaleras y pantalones talla 40. Plebes que se sentían los dueños anónimos del mundo porque salían en la noche para escuchar a los Astaroth de Guaymas. Porque en sus tramos Cross Colours guardaban botellas, sprays Comex con el tapón bien expandido, cigarros alitas y ridículas cadenas conectadas con una billetera vacía. Fumar y beber eran entonces actividades que marcaban tu postura ante el mundo. Recién habíamos dejado de jugar fut o beis en la calle para escuchar Pantera en el potente estéreo de un viejo Ford Custom estacionado en la cochera de una casa de la colonia Olivares. Dueños anónimos del mundo que escupían todo el tiempo haciendo ríos burbujeantes en las banquetas. La felicidad era eso: beber, escupir y ser, soberbiamente, jóvenes que sentían el llamado del desarreglo, la emancipación y la estridencia.

En mi primera tocada había un tipo que hacía, idéntico, como Chewaka después de beber un larguísimo trago de caguama. Una década más adelante conocería a esa entidad irrepetible: el Igor. Vi al Miguel Perra Vida, al Choco, al Buchakas y al Cuicho de Suciedad Discriminada. Batos una generación más grande que la mía y con una personalidad ya muy definida. Parecía que toda esa pandilla vivía afuera de aquella tocada. Todos los conocían, todos les brindaban trago. Estaban en su ambiente.

Nosotros, alucines, los mirábamos desde el otro lado del estacionamiento e identificábamos en ellos otro estilo. Eran punks. Nosotros pensábamos que ser rockeros era ponerse camisetas de Metallica, Megadeth o Deicide. Escuchar Death y vomitar los domingos un montón de jugo de toronja. Llevar el pelo largo y sentir que satanás era la cosa más divertida en el mundo.

En el Hermosillo de los noventas del siglo pasado, las tocadas eran colectivas. Se mezclaban metaleros con harcorosos y alternativos. Había tocadas rascuachas en barrios populares y tocadas nice en colonias yupis. Pero cuando el toquín era en un espacio como el Music House, o el Casino de los Ingenieros, o el Casino del SNTE, o el de la CFE; o en lugares del Estado como La Casa de la Cultura (¿Pueden creer que la Casa de la Cultura había tocadas bien chingonas y libertarias?), La Sauceda, el CUM, La Leona Vicario, El Emiliana de Zubeldía, ahí se juntaba todo el animelaro. Los harcoreñitos de las Fuentes y sus alrededores; los metaleros del Sahuaro y el Choyal; los punks del Palo Verde y un montón de morras y morros que llenaban lugares de la UNISON como el estadio Castro Servín, la Escuela de Letras y Rectoría los 2 de octubre. Tocaban alternadamente bandas enchamucadas y después seguía una punkosa y quizá luego una de Ska, como la brillante Skalón. Llegaban skatos y hasta cholos. Algunas de las bandas, que cada fin de semana tocaban entre finales de los noventas y principios de los 2000 miles, en el algún punto de la ciudad: Tiner, La social, El grito, La perra vida, Oftalmus, Satan maleficarium, Stress, La Trin-K, No más no, Maltrato, Otravez, La malilla planetaria, Autumn´s agony, Sol Naranja, Suciedad, Rencarnación, López Pérez, La Coyota, LDL, Los vulgares y un montón más.

Además de la música, algo que me encantaba de ir a tocadas era esa sesión para expiar demonios. Esa verdadera terapia de choque: el Slam. Estrellarse con espaldas de desconocidos. Sudar en los veranos intensos y también en los brutales inviernos del pasado. Cansarse, abrazar a las personas y después lanzarlas lejos. Tomar a un objetivo que se pasó de rosca en un empujón insano. Estar calculando la fuerza, el coraje y la diversión al mismo tiempo. Ir a estrellarse en cuerpos igual de alborotados que los tuyos, abrazado de la morrita o el chico, según el caso, que te gustaba. No parar de reír. La cercanía, el calor. Dice el poeta francés, Arthur Rimbaud, que el infierno son los otros. En una tocada puede que así lo sea, pero también hay infiernos floridos, carismáticos e intensos debido a la camaradería que se genera en ellos.

Esto es lo que extraño de ir a una tocada: la fraternidad. Y aunque ya no me meto al Slam, siempre veo, entre el ruido de las bandas y las luces de los lugares, a las mismas personas; con dos o tres ausencias misteriosas y otras tantas que partieron para siempre hacia a otras dimensiones. Presencias que resisten, en el rock, desde hace casi tres décadas. La alegría por verlos tiene un efecto muy de espejo. Después de todo seguimos aquí. Somos sobrevinientes.

El Covid-19 nos tiene en jaque. No sé ustedes, pero yo estoy harto de los conciertos en pantallas. Estoy harto de la vida a través de streaming impersonales. Las presentaciones de libros, discos y charlas, que al principio del confinamiento cumplieron una función, hoy las percibo desgastadas, poco relevantes. Quizá sea que estoy harto de las pantallas en general. Todo se me hace lejano, con respecto a la experiencia de recargarse con música en vivo. Nada como ver al guitarra y al batería, a un músico en general darle con todo a su instrumento. Paradójicamente, a la experiencia de vivir le falta el “en vivo”.

Cuando este virus se nivele entre nosotros. Cuando por fin entendamos que todo cambió para siempre, en cuanto a nuestra convivencia gregaria, seguro habrá tocadas de nuevo. Seguro volveremos a vernos las caras después de esta etapa extraña, desterrada y paranoica que se ha extendido durante tanto tiempo. Mientras, nos queda resistir. Falta menos para sentir que la vida es un acto presencial. Un acto individual que se completa con la experiencia, el talento y la visión de los otros.